La seducción del arte como entretenimiento
FOTO: Mary Carmen Catoya / FOTOGRAFO: Joe Gato
Un Miami City Ballet en todo su esplendor se presentó durante el primer fin de semana de febrero en el Adrienne Arsht Center for the Performing Arts of Miami-Dade County con tres funciones de Don Quijote, un clásico que la compañía incorporó al repertorio en el 2006.
Este es un montaje de Edward Villella, Geta Constantinescu, Frank Regan y Mikhail Baryshnikov (la variación de las copas del primer acto), concebido a partir del original estrenado en Rusia en 1869 por el francés Marius Petipa (revisado después por Aleksander Gorsky) y basado en la novela del español Miguel de Cervantes y Saavedra. La música es de Ludwig Minkus (con pasajes de Anton Simon y Riccardo Drigo).
Petipa construyó su ballet cómico (lo que es decir, con argumento de comedia) sobre un libreto donde la participación de Don Quijote es secundaria y lo importante son las aventuras (happy end incluído) de los protagonistas: Kitri (Quiteria es su nombre en la novela) y Basilio.
El conflicto surge cuando el padre de Kitri pretende arreglar su matrimonio con el adinerado Gamache (Camacho en el texto original) pero Kitri no quiere terminar su relación con Basilio, un pobre barbero. El conflicto se soluciona cuando Basilio finge suicidarse y Gamache accede al matrimonio de este con Kitri, solo para satisfacer la última voluntad de un moribundo que en realidad se encuentra en perfecto estado de salud.
Hay que anotar que la primera adaptación al ballet de Don Quijote data de 1740.
En pleno 2009, lo que es realmente fascinante acerca de Don Quijote (el ballet) es su capacidad para resistir todo tipo de cambios, adiciones y sustracciones, sin perder su eficacia comunicativa como entretenimiento. Y el mejor ejemplo es el famoso pas de deux de su último acto. Un pas de deux exigente que ha sido representado miles de veces como unidad independiente en galas y concursos de ballet.
Para los que no han visto la obra completa, es necesario aclarar que hay algunas diferencias entre el pas de deux tal y como aparece en el ballet y el que se presenta en los programas de concierto.
Cuando se baila como pieza de concierto el Don Quijote Pas de Deux es una danza de flirteo y los trajes generalmente utilizan los colores rojo y negro. Dentro del ballet, el pas de deux es una danza de celebración a cargo de los recién casados y los bailarines están vestidos de blanco.
En noviembre del año pasado, Mary Carmen Catoya y Renato Penteado (Kitri y Basilio en la función del viernes 6 de febrero) interpretaron Don Quijote Pas de Deux en ¡Fuerza!: El Rostro Latino del Miami City Ballet, un projecto muy interesante que los bailarines del grupo que dirige Edward Villella presentan en los estudios de la compañía en Miami Beach.
Fué un trabajo brillante (como ocurre siempre con Catoya y Penteado) que, por momentos, sugirió ser también un ejercicio de reconocimiento en el terreno del estilo desenfadado y lleno de aderezos que hasta ese momento parecía ser propiedad exclusiva de los intérpretes del Cuban Classical Ballet of Miami, el grupo de Pedro Pablo Peña y Magaly Suárez (inspirado en la escuela cubana de ballet) que desde su aparición en febrero del 2006 ha establecido una nueva dinámica en la relación artista-público en el sur de la Florida.
Pero Catoya y Penteado son lo suficiente experimentados como para saber que hay soluciones de ejecución que son admisibles en una gala e inadmisibles en una función y, en este sentido, ellos proyectan tener ahora el secreto de la fórmula perfecta para asumir con franqueza un virtuosismo placenteramente engalanado sin perjudicar el estilo, la historia o los personajes. En retorno, ellos son adorados por los espectadores.
Catoya y Penteado son las grandes estrellas del Don Quijote del Miami City Ballet, pero este es un montaje que ofrece oportunidades de lucimiento para muchos otros, desde Carlos Guerra como el torero Espada (espléndido en el manejo de la capa) hasta Marc Spielberger como Don Quijote y el irreprimible Alex Wong como Sancho Panza. Sin olvidar al cuerpo de baile, de ejecución asombrosamente musical, a pesar de la música grabada.
Definitivamente, esta puesta en escena enormemente divertida (con luces de John Hall, escenografía de Tom Boyd y vestuario de Santo Loquasto) es algo más que una buena recreación.
Esta breve y exitosa temporada del Quijote del Miami City Ballet en downtown Miami es la ilustración de algo mucho más antiguo que las aventuras del “ingenioso hidalgo”. Es la fuerza seductora del arte como entretenimiento.
Un Miami City Ballet en todo su esplendor se presentó durante el primer fin de semana de febrero en el Adrienne Arsht Center for the Performing Arts of Miami-Dade County con tres funciones de Don Quijote, un clásico que la compañía incorporó al repertorio en el 2006.
Este es un montaje de Edward Villella, Geta Constantinescu, Frank Regan y Mikhail Baryshnikov (la variación de las copas del primer acto), concebido a partir del original estrenado en Rusia en 1869 por el francés Marius Petipa (revisado después por Aleksander Gorsky) y basado en la novela del español Miguel de Cervantes y Saavedra. La música es de Ludwig Minkus (con pasajes de Anton Simon y Riccardo Drigo).
Petipa construyó su ballet cómico (lo que es decir, con argumento de comedia) sobre un libreto donde la participación de Don Quijote es secundaria y lo importante son las aventuras (happy end incluído) de los protagonistas: Kitri (Quiteria es su nombre en la novela) y Basilio.
El conflicto surge cuando el padre de Kitri pretende arreglar su matrimonio con el adinerado Gamache (Camacho en el texto original) pero Kitri no quiere terminar su relación con Basilio, un pobre barbero. El conflicto se soluciona cuando Basilio finge suicidarse y Gamache accede al matrimonio de este con Kitri, solo para satisfacer la última voluntad de un moribundo que en realidad se encuentra en perfecto estado de salud.
Hay que anotar que la primera adaptación al ballet de Don Quijote data de 1740.
En pleno 2009, lo que es realmente fascinante acerca de Don Quijote (el ballet) es su capacidad para resistir todo tipo de cambios, adiciones y sustracciones, sin perder su eficacia comunicativa como entretenimiento. Y el mejor ejemplo es el famoso pas de deux de su último acto. Un pas de deux exigente que ha sido representado miles de veces como unidad independiente en galas y concursos de ballet.
Para los que no han visto la obra completa, es necesario aclarar que hay algunas diferencias entre el pas de deux tal y como aparece en el ballet y el que se presenta en los programas de concierto.
Cuando se baila como pieza de concierto el Don Quijote Pas de Deux es una danza de flirteo y los trajes generalmente utilizan los colores rojo y negro. Dentro del ballet, el pas de deux es una danza de celebración a cargo de los recién casados y los bailarines están vestidos de blanco.
En noviembre del año pasado, Mary Carmen Catoya y Renato Penteado (Kitri y Basilio en la función del viernes 6 de febrero) interpretaron Don Quijote Pas de Deux en ¡Fuerza!: El Rostro Latino del Miami City Ballet, un projecto muy interesante que los bailarines del grupo que dirige Edward Villella presentan en los estudios de la compañía en Miami Beach.
Fué un trabajo brillante (como ocurre siempre con Catoya y Penteado) que, por momentos, sugirió ser también un ejercicio de reconocimiento en el terreno del estilo desenfadado y lleno de aderezos que hasta ese momento parecía ser propiedad exclusiva de los intérpretes del Cuban Classical Ballet of Miami, el grupo de Pedro Pablo Peña y Magaly Suárez (inspirado en la escuela cubana de ballet) que desde su aparición en febrero del 2006 ha establecido una nueva dinámica en la relación artista-público en el sur de la Florida.
Pero Catoya y Penteado son lo suficiente experimentados como para saber que hay soluciones de ejecución que son admisibles en una gala e inadmisibles en una función y, en este sentido, ellos proyectan tener ahora el secreto de la fórmula perfecta para asumir con franqueza un virtuosismo placenteramente engalanado sin perjudicar el estilo, la historia o los personajes. En retorno, ellos son adorados por los espectadores.
Catoya y Penteado son las grandes estrellas del Don Quijote del Miami City Ballet, pero este es un montaje que ofrece oportunidades de lucimiento para muchos otros, desde Carlos Guerra como el torero Espada (espléndido en el manejo de la capa) hasta Marc Spielberger como Don Quijote y el irreprimible Alex Wong como Sancho Panza. Sin olvidar al cuerpo de baile, de ejecución asombrosamente musical, a pesar de la música grabada.
Definitivamente, esta puesta en escena enormemente divertida (con luces de John Hall, escenografía de Tom Boyd y vestuario de Santo Loquasto) es algo más que una buena recreación.
Esta breve y exitosa temporada del Quijote del Miami City Ballet en downtown Miami es la ilustración de algo mucho más antiguo que las aventuras del “ingenioso hidalgo”. Es la fuerza seductora del arte como entretenimiento.