Un asunto de reputación ya establecida
FOTO: Mitchell Zachs
La Compañía Antonio Gades visitó Miami para presentar Carmen en el Knight Concert Hall del Adrienne Arsht Center for the Performing Arts of Miami-Dade County como la gran atracción del Festival de Flamenco 2009.
Este es una puesta en escena que fué concebida por el propio Gades (1936-2004) y el director de cine Carlos Saura casi al mismo tiempo en que trabajaban juntos en la película de igual título, considerada por muchos como el mayor éxito cinematográfico de ambos como equipo creativo.
Lo que hoy se conoce como la “trilogía flamenca” de Carlos Saura incluye otros dos títulos importantes protagonizados también por Gades: Bodas de Sangre (1981) y El Amor Brujo (1986).
La película se estrenó en España el 6 de mayo de 1983. El ballet tuvo su estreno mundial nueve días después en París, Francia.
La Carmen de Gades y Saura tiene la pretensión de ser un montaje de danza-teatro pero es más bien una versión-concierto de la película. Este es un espectáculo que en sus mejores momentos funciona sin dificultad como una evocación de los mejores momentos de la película.
El secreto del éxito de público de este ballet no radica en los aciertos como obra de arte independiente sino en la magia igualmente evocadora del flamenco como esencia de vida y su fuerza comunicativa como elaboración teatral del folclore.
El flamenco es hoy en día una experiencia teatral absolutamente codificada como “show” pero que no ha perdido su “look” espontáneo y Carmen es un buen ejemplo.
La novela corta original de Próspero Mérimée en la que esta inspirada es de 1845. La opera de Bizet de la que toma fragmentos es de 1875.
El primer ballet basado en Carmen (con coreografía de Marius Petipa) data de 1846 pero las dos grandes versiones anteriores a Gades y Saura son la estrenada por el francés Rolando Petit en 1949 y la del cubano Alberto Alonso, presentada por primera vez en Moscú en 1967. Estas dos Carmen han sido imitadas sin descanso y sin reparo. A veces, con premeditación y alevosía.
Curiosamente, ambas son obras muy breves. La de Petit dura 44 minutos y un minuto menos la de Alonso. Es evidente que tanto Petit como Alonso llegaron a la conclusión de que una novela corta era mejor recrearla como un ballet corto.
Pero Gades y Saura decidieron enfrascarse en un trabajo de unos 90 minutos de duración (más o menos la duración de una película de largometraje) e ilustrar solo los momentos claves de la historia.
Simplificar una historia mientras se construye un ballet que debe ocupar toda una función es un reto creativo encomiable pero puede convertirse también en un gran problema.
Son las circunstancias específicas (lo particular y no lo general, la biografía de los caracteres y no los estereotipos) las que definen una buena historia, establecen las fuerzas en conflicto, transforman las acciones físicas en acciones dramáticas y construyen el climax de la obra (que no es otra cosa que la solución del conflicto).
Los detalles son aún más cruciales cuando la historia es de todos conocida y al menospreciar los pormenores de la historia esta Carmen presenta personajes de una sola pieza que no son “ni de aquí ni de allá”. Alguna definición es necesaria, por ejemplo, para entender el significado de Don José actuando como coreógrafo en la escena inicial sin haber sido identificado como tal en el programa.
De todas formas, Gades y Saura saben como llenar de manera efectista los espacios en blanco que ellos mismos han creado en la historia y algunas unidades coreográficas son visualmente espléndidas. Stella Arauzo (Carmen), Adrián Galia (Don José), Jairo Rodríguez como el toreador y Joaquín Mulero como el marido, se entregan con admirable entereza a la ejecución preciosista de los pasos y movimientos.
Así las cosas, poco importa que la música de Bizet sobrepase al diseño coreográfico en más de una ocasión.
Como tampoco parece ser importante conocer la razón por la cual los personajes masculinos de esta puesta en escena se sienten atraídos sin remedio por una Carmen adusta, arrabalera y predecible que es mucho mas fémina sin freno que femme fatale.
Quizás es solo un asunto de reputación ya establecida.
La Compañía Antonio Gades visitó Miami para presentar Carmen en el Knight Concert Hall del Adrienne Arsht Center for the Performing Arts of Miami-Dade County como la gran atracción del Festival de Flamenco 2009.
Este es una puesta en escena que fué concebida por el propio Gades (1936-2004) y el director de cine Carlos Saura casi al mismo tiempo en que trabajaban juntos en la película de igual título, considerada por muchos como el mayor éxito cinematográfico de ambos como equipo creativo.
Lo que hoy se conoce como la “trilogía flamenca” de Carlos Saura incluye otros dos títulos importantes protagonizados también por Gades: Bodas de Sangre (1981) y El Amor Brujo (1986).
La película se estrenó en España el 6 de mayo de 1983. El ballet tuvo su estreno mundial nueve días después en París, Francia.
La Carmen de Gades y Saura tiene la pretensión de ser un montaje de danza-teatro pero es más bien una versión-concierto de la película. Este es un espectáculo que en sus mejores momentos funciona sin dificultad como una evocación de los mejores momentos de la película.
El secreto del éxito de público de este ballet no radica en los aciertos como obra de arte independiente sino en la magia igualmente evocadora del flamenco como esencia de vida y su fuerza comunicativa como elaboración teatral del folclore.
El flamenco es hoy en día una experiencia teatral absolutamente codificada como “show” pero que no ha perdido su “look” espontáneo y Carmen es un buen ejemplo.
La novela corta original de Próspero Mérimée en la que esta inspirada es de 1845. La opera de Bizet de la que toma fragmentos es de 1875.
El primer ballet basado en Carmen (con coreografía de Marius Petipa) data de 1846 pero las dos grandes versiones anteriores a Gades y Saura son la estrenada por el francés Rolando Petit en 1949 y la del cubano Alberto Alonso, presentada por primera vez en Moscú en 1967. Estas dos Carmen han sido imitadas sin descanso y sin reparo. A veces, con premeditación y alevosía.
Curiosamente, ambas son obras muy breves. La de Petit dura 44 minutos y un minuto menos la de Alonso. Es evidente que tanto Petit como Alonso llegaron a la conclusión de que una novela corta era mejor recrearla como un ballet corto.
Pero Gades y Saura decidieron enfrascarse en un trabajo de unos 90 minutos de duración (más o menos la duración de una película de largometraje) e ilustrar solo los momentos claves de la historia.
Simplificar una historia mientras se construye un ballet que debe ocupar toda una función es un reto creativo encomiable pero puede convertirse también en un gran problema.
Son las circunstancias específicas (lo particular y no lo general, la biografía de los caracteres y no los estereotipos) las que definen una buena historia, establecen las fuerzas en conflicto, transforman las acciones físicas en acciones dramáticas y construyen el climax de la obra (que no es otra cosa que la solución del conflicto).
Los detalles son aún más cruciales cuando la historia es de todos conocida y al menospreciar los pormenores de la historia esta Carmen presenta personajes de una sola pieza que no son “ni de aquí ni de allá”. Alguna definición es necesaria, por ejemplo, para entender el significado de Don José actuando como coreógrafo en la escena inicial sin haber sido identificado como tal en el programa.
De todas formas, Gades y Saura saben como llenar de manera efectista los espacios en blanco que ellos mismos han creado en la historia y algunas unidades coreográficas son visualmente espléndidas. Stella Arauzo (Carmen), Adrián Galia (Don José), Jairo Rodríguez como el toreador y Joaquín Mulero como el marido, se entregan con admirable entereza a la ejecución preciosista de los pasos y movimientos.
Así las cosas, poco importa que la música de Bizet sobrepase al diseño coreográfico en más de una ocasión.
Como tampoco parece ser importante conocer la razón por la cual los personajes masculinos de esta puesta en escena se sienten atraídos sin remedio por una Carmen adusta, arrabalera y predecible que es mucho mas fémina sin freno que femme fatale.
Quizás es solo un asunto de reputación ya establecida.