Barra libre y energía contagiosa
FOTO: Rolando Sarabia y Mary Carmen Catoya / FOTOGRAFO: Joe Gato
La primera función el viernes 6 de marzo en el Lynn & Louis Wolfson, II Theatre en los estudios del Miami City Ballet (MCB) ubicados en Miami Beach del show Open Barre: Lounge 2200 (en español, Barra Libre: Salón 2200) que fuera estrenado originalmente en febrero del 2007, comenzó un poco tarde y duró menos que una hora.
Como Maestro de Ceremonias, Edward Villella proyectó un humor y un calor humano inusualmente cercano a los presentes. Presentando el programa y solicitando donaciones para mantener viva la compañía mientras anunciaba que iba a verse forzado a reducir el número de bailarines en un futuro muy próximo.
Open Barre (literalmente con bebida gratis para todo el público asistente) es parte del programa Dancer Journal (o Diario del Bailarín) cuyo objetivo es mostrar asuntos interesantes relacionados con la compañía.
Lounge 2200 es una propuesta de danza jazz teatral contemporánea con música de los años 50 y del 60s.
Como oferta de entretenimiento, Lounge 2200 es una oportunidad para entrar en contacto con el trabajo de los bailarines del Miami City Ballet y de los estudiantes avanzados de la escuela adjunta a la compañía en un terreno diferente al del repertorio académico y verlos explorar nuevas posibilidades expresivas.
Como propuesta escénica, Lounge 2200 es un espectáculo que adopta un acercamiento ecléctico a la danza jazz como un híbrido de ballet, bailes de salón y danza moderna que todavía refleja valores del jazz. Una danza jazz que parece estar limitada por el simple hecho de que los bailarines se mueven al ritmo de la música de jazz.
El estudioso argentino Jose Luis Salinas Rodríguez afirma en su libro Jazz, Flamenco, Tango: Las orillas de un ancho río que lo que resulta determinante para que aparezca swing es la manera de sentir el ritmo.
En este sentido, es posible afirmar que solo sintiendo de verdad el ritmo es que el bailarín puede encontrar autenticidad al ejecutar los pasos y movimientos de la danza jazz. El logro de su interpretación es siempre dependiente de su capacidad para alcanzar ese swing personal e irrepetible. Poco importa si el estilo es Jack Cole, Bob Fosse o Gus Giordano. La legitimidad de la entrega es algo insustituíble.
La mayor parte de la coreografías fueron creadas por Rafi Maldonado, jefe del departamento del jazz de la escuela del Miamy City Ballet y uno de los coreógrafos de la producción Off-Broadway de Celia: The Musical sobre la vida de Celia Cruz. Pero Lounge 2200 incluye también trabajos de Liz Malm, profesora del jazz de la escuela del MCB con experiencia en videos musicales y del bailarín Richard Amaro, quien estuvo en Broadway en Chita Rivera and All That Jazz y participó en la gira nacional de Dreamgirls.
Las once piezas breves creadas por ellos son trabajos que ilustran melodías muy conocidas y funcionan sobre todo como una serie de trabajos hechos con oficio, todavía con cierta cualidad de ejercicios de clase. No son obras con posibilidades de tener vida propia como piezas de repertorio.
En este contexto, nadie ilustra (y siente) la música como Jeanette Delgado. Una bailarina que en todo momento parece tener presente que la danza jazz “no significa nada si no tiene ese swing”, como diría Duke Ellington. Sin duda alguna, su actuación fué la mas disfrutable de la noche.
Otros momentos sobresalientes de Lounge 2200 fueron cuando Rolando Sarabia interpretó el solo Please Tell Me Why y acompañó a Mary Carmen Catoya en No Pity. Renato Penteado y Patricia Delgado estuvieron excelentes en Almost Persuaded.
Sin olvidar a Ran Can Can, el crowd pleaser mayor de Lounge 2200. Una obra de grupo donde los maestros/coreógrafos se incorporan a un equipo de estrellas compuesto por Mary Carmen Catoya, Renato Penteado, Daniel Sarabia, Rolando Sarabia, Jeanette Delgado, Patricia Delgado y Katia Carranza.
La energía contagiosa es innegable, desde el momento en que se descorre el telón para dar paso al número de apertura hasta el apagón final. Una energía que salta de la escena hasta alcanzar a los espectadores en las gradas para apremiarlos a despedir a los participantes con una gran ovación de pie.
La primera función el viernes 6 de marzo en el Lynn & Louis Wolfson, II Theatre en los estudios del Miami City Ballet (MCB) ubicados en Miami Beach del show Open Barre: Lounge 2200 (en español, Barra Libre: Salón 2200) que fuera estrenado originalmente en febrero del 2007, comenzó un poco tarde y duró menos que una hora.
Como Maestro de Ceremonias, Edward Villella proyectó un humor y un calor humano inusualmente cercano a los presentes. Presentando el programa y solicitando donaciones para mantener viva la compañía mientras anunciaba que iba a verse forzado a reducir el número de bailarines en un futuro muy próximo.
Open Barre (literalmente con bebida gratis para todo el público asistente) es parte del programa Dancer Journal (o Diario del Bailarín) cuyo objetivo es mostrar asuntos interesantes relacionados con la compañía.
Lounge 2200 es una propuesta de danza jazz teatral contemporánea con música de los años 50 y del 60s.
Como oferta de entretenimiento, Lounge 2200 es una oportunidad para entrar en contacto con el trabajo de los bailarines del Miami City Ballet y de los estudiantes avanzados de la escuela adjunta a la compañía en un terreno diferente al del repertorio académico y verlos explorar nuevas posibilidades expresivas.
Como propuesta escénica, Lounge 2200 es un espectáculo que adopta un acercamiento ecléctico a la danza jazz como un híbrido de ballet, bailes de salón y danza moderna que todavía refleja valores del jazz. Una danza jazz que parece estar limitada por el simple hecho de que los bailarines se mueven al ritmo de la música de jazz.
El estudioso argentino Jose Luis Salinas Rodríguez afirma en su libro Jazz, Flamenco, Tango: Las orillas de un ancho río que lo que resulta determinante para que aparezca swing es la manera de sentir el ritmo.
En este sentido, es posible afirmar que solo sintiendo de verdad el ritmo es que el bailarín puede encontrar autenticidad al ejecutar los pasos y movimientos de la danza jazz. El logro de su interpretación es siempre dependiente de su capacidad para alcanzar ese swing personal e irrepetible. Poco importa si el estilo es Jack Cole, Bob Fosse o Gus Giordano. La legitimidad de la entrega es algo insustituíble.
La mayor parte de la coreografías fueron creadas por Rafi Maldonado, jefe del departamento del jazz de la escuela del Miamy City Ballet y uno de los coreógrafos de la producción Off-Broadway de Celia: The Musical sobre la vida de Celia Cruz. Pero Lounge 2200 incluye también trabajos de Liz Malm, profesora del jazz de la escuela del MCB con experiencia en videos musicales y del bailarín Richard Amaro, quien estuvo en Broadway en Chita Rivera and All That Jazz y participó en la gira nacional de Dreamgirls.
Las once piezas breves creadas por ellos son trabajos que ilustran melodías muy conocidas y funcionan sobre todo como una serie de trabajos hechos con oficio, todavía con cierta cualidad de ejercicios de clase. No son obras con posibilidades de tener vida propia como piezas de repertorio.
En este contexto, nadie ilustra (y siente) la música como Jeanette Delgado. Una bailarina que en todo momento parece tener presente que la danza jazz “no significa nada si no tiene ese swing”, como diría Duke Ellington. Sin duda alguna, su actuación fué la mas disfrutable de la noche.
Otros momentos sobresalientes de Lounge 2200 fueron cuando Rolando Sarabia interpretó el solo Please Tell Me Why y acompañó a Mary Carmen Catoya en No Pity. Renato Penteado y Patricia Delgado estuvieron excelentes en Almost Persuaded.
Sin olvidar a Ran Can Can, el crowd pleaser mayor de Lounge 2200. Una obra de grupo donde los maestros/coreógrafos se incorporan a un equipo de estrellas compuesto por Mary Carmen Catoya, Renato Penteado, Daniel Sarabia, Rolando Sarabia, Jeanette Delgado, Patricia Delgado y Katia Carranza.
La energía contagiosa es innegable, desde el momento en que se descorre el telón para dar paso al número de apertura hasta el apagón final. Una energía que salta de la escena hasta alcanzar a los espectadores en las gradas para apremiarlos a despedir a los participantes con una gran ovación de pie.