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Un tributo que elude toda crítica
by Orlando Taquechel, 2009-04-19 15:49:05
PERFORMANCE JOURNALISM

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FOTO: Revelations [cortesía de AAADT]

¿Qué puede decirse ante un programa integrado por los mejores momentos de las mejores obras de repertorio de uno de los más grandes coreógrafos norteamericanos del siglo XX interpretadas por un grupo excelente de bailarines? La respuesta es obvia: relájese y disfrute.

El Alvin Ailey American Dance Theater (AAADT), la agrupación neoyorquina que dirige la excelsa Judith Jamison y que está de gira celebrando medio siglo de existencia, debutó en Miami dejando bien claro que tienen la intención de mantenerse vigente a lo largo del siglo XXI.

El público que abarrotó el jueves pasado el Adrienne Arsht Center for the Performing Arts of Miami-Dade County llegó al teatro vistiendo sus mejores galas y dispuestos a convertir la experiencia en una noche de puro agasajo.

La jornada comenzó con el hermoso documental “Alvin Ailey American Dance Theatre at 50: A Golden Anniversary Celebration”, que aborda los inicios en la danza del propio Ailey (utilizando inapreciable material de archivo), ilustra sus influencias, explica el impacto de su trabajo y reconoce su enorme legado.

Tras una breve pausa, comenzó el desfile coreográfico dentro de un programa confeccionado con muchísimo cuidado, comprometido a ilustrar la manera de hacer y la versatilidad del AAADT y seducir a los espectadores.

El resultado es un tributo maratónico (13 fragmentos y una obra completa) que elude toda crítica. No todos los momentos funcionan a la perfección como piezas aisladas pero la ejecución de los bailarines (hombres esculturales hasta el sobresalto, mujeres hermosas hasta la impaciencia) es motivo más que suficiente para calificar la experiencia como inolvidable.

El programa abrió con Good Morning Blues y I Cried de Blues Suite (1958), con Amos J. Machanic, Jr. centralizando un fluído trabajo grupal de idiosincracia étnica.

Le siguieron dos piezas de fuerte influencia académica: el exigente Scherzo de Streams (1970), con música del checo Miloslav Kabelac y ejecutado de manera portentosa por Antonio Douthit y Kirven J. Boyd; y Choral Dances (1971), con música de Benjamin Britten, que fué bailado por Hope Boykin, Rosalyn Deshauteurs, Khilea Douglass, Yusha-Marie Soezano, Olivia Bowman y Rachael McLaren.

El primer solo del programa, proveniente de Mary Lou’s Mass (1971) fué interpretado con energía fascinante por Renee Robinson.

A continuación, le tocó el turno a dos duetos: The Lark Ascending (1972) y Hidden Rites (1973). En Lark, Constance Stamatiou y Clifton Brown, enlazaron con limpieza sobrecogedora varias cargadas perfectas y fueron ovacionados en más de una ocasión; Roxanne Lyst y Antonio Douthit estuvieron igualmente espléndidos en Rites.

El Movement II de Night Creature, un fragmento de Ailey Celebrates Ellington (1974) es un ejercicio vernacular, sensual y divertido para 14 bailarines que deslumbran como criaturas de la noche preparadas para bailar de todo y con todo: ojos, pelvis, torsos, brazos, manos, dedos y pies. Inmediatamente después, Linda Celeste Sims se anidó en el famosísimo e insuperable Cry (1971).

Después del primer intermedio, se presentaron el Flight Time de Phases (estrenada ese mismo año) y el Romance de Landscape (1981), dos agradables trabajos de grupo. En A Night in Tunisia de For “Bird” – With Love (1984) los bailarines divierten (y se divierten) dándole vida a los integrantes de una orquesta de jazz.

El solo Caverna Magica (1986) resultó ser un triunfo personal para Jamar Roberts; y el Jumpin’ the Blues de Opus McShann (1988), es otra obra de grupo brillante que le dá la razón a aquellos que afirman que el término jitterburg se puede utilizar también como verbo.

Revelations (1960), la obra maestra de Ailey, sirvió como cierre y fué interpretada con entrega absoluta por todos, pero hay que reseñar el desempeño sobresaliente de Amos J. Machanic Jr. en el solo I Wanna Be Ready.

Como ha venido ocurriendo desde 1960, Revelations puso al público de pie y los hizo aplaudir junto con los bailarines, aún antes de que se terminara la función. Algo que motivó al conjunto a repetir Rocka My Soul in the Bosom of Abraham (la última unidad coreográfica de su tercer movimiento). Ya para entonces la exhaltación se había transformado en euforia.

En realidad, el público solo comenzó a abandonar la sala cuando finalmente se encendieron las luces. Sin duda alguna, completamente complacidos.