Muestra de versatilidad en Open Barre
FOTOS: (cortesía del MCB) Bailarinas del MCB en Serenade / Marc Spielberger y Jeremy Cox en THE QUICK-STEP: Unspeakable Jazz Must Go!
FOTOGRAFO: Steven Caras
El Miami City Ballet y su director Edward Villella acogieron este fin de semana en su sede de Miami Beach, a un público entusiasta que asistió a las presentaciones de su Open Barre 3.
En esta ocasión, Serenade, de George Balanchine (1904-1983) y THE QUICK-STEP:Unspeakable Jazz Must Go!, del propio Villella, fueron las coreografías encargadas de mostrar la versatilidad y la capacidad de abarcar diferentes estilos que tiene la compañía en la actualidad.
Serenade es un ballet en un acto con música de Tchaikosvky creado para las alumnas de la School of American Ballet que se estrenó en el Avery Memorial Theater en Hartford, Conneticut el 8 de diciembre de 1934. Balanchine quizo montarle a sus alumnas una coreografía donde pudieran apreciar la diferencia entre el trabajo que se realiza en las clases y el trabajo que se genera en el escenario, este simple deseo fue el punto de partida para lo que se convirtió en la primera de sus obras maestras en los Estados Unidos.
Este es un ballet sin argumento donde los bailarines siempre en movimiento desarrollan una única atmósfera imperturbable, solamente existen figuras en constante desplazamiento y la música. La musicalidad de Balanchine en esta obra es perfecta, para el la música es la motivación de la danza y a partir de ella desarrolla su lenguaje coreográfico, cada frase o cambio de ritmo lo reproduce en un fluido de movimientos y figuras geométricas en el espacio de gran belleza plástica.
Serenade es pura danza, son diecisiete bailarinas en escena, la misma cantidad de alumnas, de su clase dispuestas en líneas diagonales y en primera posición, un movimiento y se desplazan los pies a segunda posición, así comienza el ballet. Desde esta primera imagen que hace clara referencia a los primeros pasos en la enseñanza del ballet hasta diferentes situaciones acaecidas en el día a día de los salones el coreógrafo los incorpora a su obra.
La llegada tarde de una alumna al ensayo Balanchine la reprodujo al final del primer movimiento con la entrada de una de las solistas buscando su sitio en la fila; un nuevo alumno se integra al grupo y aparece en escena un bailarín, así sucesivamente una caída o el más mínimo incidente se metamorfosea en bellas líneas y en momentos inolvidables en la escena.
El ballet está impregnado de un lirismo contenido muy sutil que nos llega a través de las aladas figuras femeninas y su precisión para ejecutar los movimientos, sus románticas imágenes nos transportan a El lago de los Cisnes, Giselle y Las Sílfides.
Esta obra es una especie de homenaje que Balanchine rinde a Petipa, Ivanov y Forkine, coreógrafos que influyeron en su obra, y ocupa un lugar importante en su repertorio. Aquí están presentes algunas características que un poco mas tarde van a distinguir su obra, como su utilización de los bailarines para dibujar imágenes tras imágenes en el espacio. Figuras geométricas que se conforman y se disuelven en un torbellino de entradas y salidas de escena, magistralmente orquestadas para lograr una gran energía en escena.
La puesta en escena de Serenade del Miami City Ballet es muy cuidadosa y aún cuando el espacio en algunos momentos resultó pequeño para la amplitud de los movimientos del ballet, la compañía supo salvar el escollo y ofrecer una representación de calidad. Sin duda alguna, los bailarines solistas Jennifer Kronenberg, Tricia Albertson, Amanda Weingarten, Carlos Guerra y Didier Bramaz estuvieron a la altura de la obra de Balanchine.
La coreografía THE QUICK-STEP: Unspeakable Jazz Must Go!, acto II del ballet The Neighborhood Ballroom, cerró la representación. La música popular de la época, conjuntamente con la escenográfia y el diseño de vestuario, crearon la atmósfera de un salón de baile de los años veinte.
Los bailarines son figuras de una revista de moda de la época Art Deco que bailan a un ritmo dinámico y vivaz. Mary Carmen Cantoya y Carlos Guerra le dieron un toque especial a sus personajes, mientras que Marc Spielberger y Jeremy Cox como “dos mujeres jóvenes” aportaron la vis cómica provocando la risa del público en más de una ocasión.
FOTOGRAFO: Steven Caras
El Miami City Ballet y su director Edward Villella acogieron este fin de semana en su sede de Miami Beach, a un público entusiasta que asistió a las presentaciones de su Open Barre 3.
En esta ocasión, Serenade, de George Balanchine (1904-1983) y THE QUICK-STEP:Unspeakable Jazz Must Go!, del propio Villella, fueron las coreografías encargadas de mostrar la versatilidad y la capacidad de abarcar diferentes estilos que tiene la compañía en la actualidad.
Serenade es un ballet en un acto con música de Tchaikosvky creado para las alumnas de la School of American Ballet que se estrenó en el Avery Memorial Theater en Hartford, Conneticut el 8 de diciembre de 1934. Balanchine quizo montarle a sus alumnas una coreografía donde pudieran apreciar la diferencia entre el trabajo que se realiza en las clases y el trabajo que se genera en el escenario, este simple deseo fue el punto de partida para lo que se convirtió en la primera de sus obras maestras en los Estados Unidos.
Este es un ballet sin argumento donde los bailarines siempre en movimiento desarrollan una única atmósfera imperturbable, solamente existen figuras en constante desplazamiento y la música. La musicalidad de Balanchine en esta obra es perfecta, para el la música es la motivación de la danza y a partir de ella desarrolla su lenguaje coreográfico, cada frase o cambio de ritmo lo reproduce en un fluido de movimientos y figuras geométricas en el espacio de gran belleza plástica.
Serenade es pura danza, son diecisiete bailarinas en escena, la misma cantidad de alumnas, de su clase dispuestas en líneas diagonales y en primera posición, un movimiento y se desplazan los pies a segunda posición, así comienza el ballet. Desde esta primera imagen que hace clara referencia a los primeros pasos en la enseñanza del ballet hasta diferentes situaciones acaecidas en el día a día de los salones el coreógrafo los incorpora a su obra.
La llegada tarde de una alumna al ensayo Balanchine la reprodujo al final del primer movimiento con la entrada de una de las solistas buscando su sitio en la fila; un nuevo alumno se integra al grupo y aparece en escena un bailarín, así sucesivamente una caída o el más mínimo incidente se metamorfosea en bellas líneas y en momentos inolvidables en la escena.
El ballet está impregnado de un lirismo contenido muy sutil que nos llega a través de las aladas figuras femeninas y su precisión para ejecutar los movimientos, sus románticas imágenes nos transportan a El lago de los Cisnes, Giselle y Las Sílfides.
Esta obra es una especie de homenaje que Balanchine rinde a Petipa, Ivanov y Forkine, coreógrafos que influyeron en su obra, y ocupa un lugar importante en su repertorio. Aquí están presentes algunas características que un poco mas tarde van a distinguir su obra, como su utilización de los bailarines para dibujar imágenes tras imágenes en el espacio. Figuras geométricas que se conforman y se disuelven en un torbellino de entradas y salidas de escena, magistralmente orquestadas para lograr una gran energía en escena.
La puesta en escena de Serenade del Miami City Ballet es muy cuidadosa y aún cuando el espacio en algunos momentos resultó pequeño para la amplitud de los movimientos del ballet, la compañía supo salvar el escollo y ofrecer una representación de calidad. Sin duda alguna, los bailarines solistas Jennifer Kronenberg, Tricia Albertson, Amanda Weingarten, Carlos Guerra y Didier Bramaz estuvieron a la altura de la obra de Balanchine.
La coreografía THE QUICK-STEP: Unspeakable Jazz Must Go!, acto II del ballet The Neighborhood Ballroom, cerró la representación. La música popular de la época, conjuntamente con la escenográfia y el diseño de vestuario, crearon la atmósfera de un salón de baile de los años veinte.
Los bailarines son figuras de una revista de moda de la época Art Deco que bailan a un ritmo dinámico y vivaz. Mary Carmen Cantoya y Carlos Guerra le dieron un toque especial a sus personajes, mientras que Marc Spielberger y Jeremy Cox como “dos mujeres jóvenes” aportaron la vis cómica provocando la risa del público en más de una ocasión.